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El padrino 60 años al aire PDF Imprimir E-Mail
domingo, 10 de febrero de 2008
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Alberto Piedrahíta Pacheco comenzó leyendo poemas a la madrugada, creó un estilo para narrar deportes y se inventó una forma diferente de pasar las tardes en la radio. A través de sus memorias se revive la historia de la locución nacional.

REVISTA CROMOS

"Y nunca pierdan la dulzura de su carácter"... es la frase con la que Alberto Piedrahíta Pacheco despide cada tarde su programa de La Barra de las 13 en Caracol Radio, y la que ha hecho famosa a lo largo de su vida en la radiodifusión colombiana. Viajamos en la memoria de este tolimense (nació en Líbano, en 1931) para celebrar sus sesenta años de ejercicio profesional. Un sueño que hizo realidad en 1948 porque estaba empecinado en leer poemas de amor.

Tras el humo de un cigarrillo que sostiene en su mano derecha, deja salir frases sueltas. "¿Sabía que con Julio Sánchez Vanegas fuimos compañeros en el Colegio San Bernardo en Bogotá, cuando él era tambor mayor de la banda de guerra? ¿Y que Julito Sánchez Cristo, de niño se volaba del colegio para irse conmigo en el transmóvil de prensa de las Vueltas a Colombia?".

‘El Padrino’, como ya se conoce en el mundo radial, es una fuente inagotable de historias. La primera que evoca se ubica en Bogotá cuando abandonó el internado donde estudiaba el bachillerato. Con el visto bueno de su padre ingresó como cobrador de cartera de la emisora Panamericana y Azul K, cuyos estudios estaban ubicados en los sótanos de la avenida Jiménez con carrera séptima. Alberto dedicaba las tardes a observar al locutor de la época, César González, quien declamaba poemas de amor a la una de la tarde en el programa La hora íntima.

En busca de una oportunidad, leía poemas en solitario en las noches, hasta que consiguió salir al aire por primera vez, en enero de 1948. Lo hizo como locutor en el turno de una a cinco de la mañana en el programa Así canta México, espacio en el que permaneció hasta el 9 de abril de 1948, cuando los estudios de la emisora fueron incendiados en las manifestaciones callejeras del Bogotazo.

En pocos meses volvió al aire en la emisora La Voz de Bogotá. Allí creó el programa El Grill de la Alegría donde presentaba a las estrellas del momento: La Sonora Matancera, Lucho Bermúdez y Pacho Galán. Su voz se posicionó en el horario de las diez de la noche con rotundo éxito, haciendo equipo con el entonces aprendiz, Armando Plata Camacho, quien hacía la selección musical.

En la mitad de los años 50, Alberto ingresó a RCN Radio. Empezó en el equipo deportivo al lado de Carlos Arturo Rueda C., en el programa Momento Deportivo.

Fueron 18 años aprendiendo los secretos del maestro Rueda en la narración ciclística, que se hacía en viejos carros con escotillas artesanales, con la cara llena de una grasa no identificada para evitar las quemaduras del sol. Eran los días de Roberto ‘Pajarito’ Buitrago y Delio ‘Maravilla’ Gamboa. Millonarios era el equipo estelar del fútbol colombiano con Santa Fe y el Deportivo Cali.

Años más tarde, hizo equipo en la narración de fútbol al lado de David Cañón, Carlos Julio Guzmán y Alberto ‘el Pato’ Ríos, sus primeros ahijados en la radio. El buen manejo del idioma y el tono grave de voz hicieron que Piedrahíta llegara a trabajar en Actualidad RCN, donde fue director de noticias, acompañado por Juan Darío Lara, Juan Castillo, William Sanmartín y Alfonso Castellanos.

La vida lo haría cruzarse con Juan Harvey Caicedo y Gabriel de las Casas Herrera. Con ellos exploró la publicidad y trabajó en una agencia, en la que nació la idea quijotesca de crear una programadora de televisión especializada en deportes.

Se llamó Color Comunicadores y los socios fueron Fernando González Pacheco, David Cañón, Juan Harvey y el propio Alberto, quienes lanzaron el programa Fútbol, el mejor espectáculo del mundo, que se emitía cada domingo a las 8:00 de la mañana por la Cadena Uno. Por primera vez en Colombia se vieron los partidos de la Bundesliga alemana (con la narración del barranquillero Andrés Salcedo), y del fútbol brasilero y argentino. También le apostaron a la transmisión de la Fórmula Uno con la narración de Hernán Gardeazábal y Alberto Piedrahíta.

Con nostalgia recuerda que los años de gloria para la programadora Color Comunicadores duraron hasta el día en que Alejandro Montejo Carrasco, director de Inravisión de la época, trajo al país un programa humorístico mexicano llamado Chespirito, que era furor en Centroamérica. A su programa lo cambiaron de canal y la empresa se quebró.

Pero no se dejó vencer. Su inquietud por los deportes lo llevó a crear el programa La Barra de las 12, que fue un éxito en La Voz de Bogotá, de Todelar, hasta que un día entrevistó al aire a Yamid Amat, quien había recibido un Premio de Periodismo Simón Bolívar. Bernardo Tobón, gerente de Todelar, le recriminó porque era de la competencia.

Al año siguiente (1983), fue el mismo Yamid quien lo contrató en Caracol Radio con el propósito de formar un equipo deportivo de primer nivel, integrando la dupla de oro del ciclismo con el argentino Julio Arrastía Bricca. A través de su voz, Colombia se enteró de los triunfos de ‘Cochise’ en Inglaterra, Alfonso Flórez en el Tour de l’Avenir, ‘Lucho’ Herrera y Fabio Parra en Europa, así como las Vueltas a Colombia y los Clásicos RCN.

Paralelamente al periodismo deportivo, Alberto dio forma al programa Pase la tarde (que se convirtió en lo que hoy es La Ventana), y con Juan Harvey Caicedo formaron un dúo para el recuerdo. Por esos micrófonos pasaron Hilda Strauss, Alfonso Lizarazo, Armando Plata, Marco Aurelio Álvarez e Iván Parra, entre otras glorias de la radio.

Fueron muchos los periodistas y locutores que crecieron bajo su sombra y sus consejos, pero sin duda, el que más se acercó a su corazón fue Juan Harvey. Hoy, después de cinco años de su muerte, la voz de ‘El Padrino’ se quiebra con solo recordarlo. Juan fue su amigo del alma y compañero de sueños y proyectos. "Él me hace falta, pero más falta le hace a la radio en Colombia".

Con 77 años y un aneurisma abdominal encima, Piedrahíta ve lejos su retiro de la radio. Todavía conserva la disciplina de madrugar. A las ocho llega a su oficina, en el centro de Bogotá, donde en su vieja máquina de escribir Olivetti, prepara las notas que presenta sin falta en La Luciérnaga de Caracol Radio.

 
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